Decía Sófocles que para quien tiene miedo, todo son ruidos. Y mira, ahora nos viene que ni pintado, ¿no crees?
Hace justo un año hablábamos de este momento tan particular del calendario. Se acercaba esa gran fiesta en la que el velo que separa a los vivos de los muertos se vuelve tan fino que parece que se puede atravesar.
Es la época de los espantos, del truco o trato, de disfrazarse, de pasar miedo por voluntad propia y de contar historias de hombres lobo, fantasmas y señores que tienen la inquietante costumbre de perseguir a la gente con un cuchillo o con una garra afilada.
¡Qué le vamos a hacer! Al ser humano le gusta pasar miedo. Aunque sea un poco. Por eso hemos inventado atracciones de feria que, desde principios del siglo XX, recorren los pueblos para que, sentados en vagonetas, nos paseen por territorios oscuros repletos de sustos.
Cada país tiene sus propias atracciones. Nosotros, aquí, tenemos una variante del «tren fantasma» a la que llamamos «El tren de la bruja» en la que, sí, lo adivinaste, una bruja te persigue para azotarte con su escoba mientras recorres un circuito en una vagoneta. ¿A quién le gusta que le persigan con una escoba? Pues, por lo visto, a muchísima gente.
Lo interesante de todo esto es que, aunque la tecnología ha evolucionado tantísimo, el mecanismo emocional sigue siendo el mismo que hace más de un siglo: sabemos que nos engañarán, pero pagamos encantados para que lo hagan.
Quizá la gracia esté precisamente ahí. En saber que, cuando se enciendan las luces, los monstruos volverán a ser personas, los fantasmas solo sábanas y los asesinos, señores con armas de goma. Porque una cosa es pasar miedo y otra muy distinta es tener motivos para tenerlo.
Así que, seas de donde seas, te deseamos que disfrutes al máximo del mes del susto. Y si quieres contarnos algo de las atracciones típicas de donde eres, estaremos encantados de leerte.
Y, por supuesto, hasta que volvamos a leernos, sé feliz.
